martes, 23 de junio de 2015

Intrahistoria (CXX): Grecia y los acreedores

Era un cadáver. Eso convinieron todos los presentes, trajeados, encorbatados y macilentos. Definitivamente era un cadáver, y se hacía especialmente difícil para todos los presentes que lo rodeaban establecer desde cuándo lo era, o si lo había sido siempre. Pero pronto se llegó a la conclusión de que aquella era una cuestión menor, e incluso irrelevante. Allí había un cadáver, sí, pero un cadáver que pagaba religiosamente. Aunque hubiera que moverle los brazos para ello. Lejos de inquietarse, a los acreedores la labor del marionetista les resultaba muy satisfactoria.