Pasaron a mi lado las chicas guapas en bicicleta y no
pude dejar de mirarlas. Ellas también me miraron a mí, y rieron. Entonces yo
las quise, pero siguieron pedaleando con toda la gracia que puede sacar una
criatura viva, y se perdieron por el horizonte de la calle, hasta que torcieron
la esquina y las perdí. Seguí caminando, y seguí queriéndolas. El resto al
principio no lo vi, pero lo escuché: el frenazo tardío, el golpe fatal. Los
gritos. Seguí caminando. Y así, al volver a alcanzarlas, las tuve justo donde
las había deseado. A mis pies.
domingo, 26 de mayo de 2013
domingo, 19 de mayo de 2013
Por analogía
Bobby, el
gemelo bueno, tenía del buen gusto – yankee - hasta el nombre, y cosas como
esas y las que siguen acaban garantizando un asiento mullido junto a San Pedro
si, además, se ha sido boy scout,
buen quarterback y se ha votado republicano.
Hay días, si allí se puede o se quiere hablar de
días, en los que a Bobby se le permite bajar durante poco tiempo a ver al gemelo malo, Frankie, que arde minuto a
minuto con estoica resignación, en parte testaruda, de niño tenebroso y
descarriado. Aguanta todo lo indecible y un poco más, mucho peor, dónde va a
parar, que lo que pasó en Iraq.
Aguanta todo, sí, pero con triunfal celo y terca
paciencia guarda un secreto que pasaron por alto hasta los grandes jueces. Por
rutina, suele decir Frankie.
Que, de niños, esos paquetes de tabaco escondidos en
la cajonera no eran suyos.
domingo, 12 de mayo de 2013
Adam Lanza
Decís que
los niños son el futuro, y es posible que sea cierto. Nunca he tenido dudas, y
vuestra convicción me parece inamovible. Pero si, como no os cansáis de
repetir, el futuro es de los niños, tenéis que asumir que os esperan días de
plomo.
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