domingo, 19 de mayo de 2013

Por analogía


Bobby, el gemelo bueno, tenía del buen gusto – yankee - hasta el nombre, y cosas como esas y las que siguen acaban garantizando un asiento mullido junto a San Pedro si, además, se ha sido boy scout, buen quarterback y se ha votado republicano.
Hay días, si allí se puede o se quiere hablar de días, en los que a Bobby se le permite bajar durante poco tiempo a ver al gemelo malo, Frankie, que arde minuto a minuto con estoica resignación, en parte testaruda, de niño tenebroso y descarriado. Aguanta todo lo indecible y un poco más, mucho peor, dónde va a parar, que lo que pasó en Iraq.
Aguanta todo, sí, pero con triunfal celo y terca paciencia guarda un secreto que pasaron por alto hasta los grandes jueces. Por rutina, suele decir Frankie.
Que, de niños, esos paquetes de tabaco escondidos en la cajonera no eran suyos.