jueves, 23 de julio de 2015

La España Tronista (12)

El tronista estaba fisiológicamente impedido para el criterio propio: a un nivel estrictamente audiovisual consumía lo que le daban, si los que lo daban eran los agentes adecuados. Los más inteligentes y carentes de escrúpulos productores musicales y televisivos fueron los primeros en percatarse de ello. Se descubrió por tanto que lo importante era el canal, y no el contenido. Esto, como no podía ser de otra manera, dio lugar a una pequeña esperanza por parte de una minoría cada vez más asfixiada. Se especuló que, así las cosas, tal vez fuera posible insertar ciertos valores intelectuales en la nueva generación tronista, que los asimilaría con la misma facilidad que la telebasura o la música barata. Una vez más, los sagaces y sibilinos productores accedieron al experimento, sabiendo el resultado de antemano; conocían de buena tinta que el tronista también estaba fisiológicamente impedido para la cultura.