viernes, 10 de julio de 2015

Calor (2)

Creyeron los sudorosos y sofocados enamorados que lo que contemplaron extasiados fueron estrellas fugaces, y siendo así entrelazaron sus pegajosas manos y pidieron los deseos de rigor, con los ojos apretados y las sonrisas desbordadas. Pero no, nada de eso; se trataba, y en su felicidad nunca lo supieron, de mosquitos ardiendo. Insectos en llamas que se precipitaban agonizantes hacia el suelo.