domingo, 25 de enero de 2015

Intrahistoria (XCVIII): La Convención del PP

La escena fue la siguiente: el duro e impasible investigador policial tiró con desdén su cigarrillo a medio fumar, entró con grandes y poderosas zancadas en la escena del crimen y se detuvo a pocos pasos de la oveja muerta, que yacía aún así angelical. Entonces dirigió una pétrea mirada al corro de pastores que la rodeaban, todos ellos con miradas huidizas y extraviadas, manos tras la espalda y pies replegados, y preguntó sin ambages ni rodeos:
“Está bien, ¿quién ha sido?”.