miércoles, 17 de diciembre de 2014

Los rescatadores

Hay un hombre de este edificio que se arroja cada noche al vacío. Grita, ahogado, “¡No…!”. Alarga mucho la vocal. Se le oye en varias manzanas a la redonda.

Santo Dios, qué cosa tan horrible. ¿Y ustedes que hacen?

Lo único que puede hacerse en estos casos: le esperamos puntualmente cada noche. Le recogemos al vuelo y le decimos que mañana será otro día.

Pero, ¡Cristo bendito…!


¿Sabe usted? Mis hijos ya no se duermen si no le oyen.