domingo, 19 de enero de 2014

Intrahistoria (XXI): La homosexualidad como deficiencia

Desesperado por el alarmante e imparable avance de la sodomía entre las filas de su piadosa congregación, el párroco, luego de las debidas oraciones y ruegos, coqueteó con un argumento final y contundente que acabó esgrimiendo durante la última misa, y tomando fuerzas del vino, a la postre también la sangre del Salvador, exhortó a la multitud de beatas y de temerosos del Creador a que abrieran bien la mente ante las divinas advertencias.
«¿Acaso Oscar Wilde podía arrojar fuego y azufre?», preguntó con vehemencia, para desterrar a los falsos ídolos. Y mientras el rebaño aún debatía la respuesta en sus fueros internos, el párroco terminó de dar la lanzada, no fuera que aún se descarriara alguien.
«Nuestro Dios (vuestro también, hijos míos) sí», concluyó. «Podemos decir entonces que hablamos en el nombre de una autoridad superior.

Alabado sea».