sábado, 30 de abril de 2016

Otro reflejo

Este Fulano, de apodo relevante para los hechos que ocupan, tuvo a bien o a mal mirarse un día en un espejo, más por casualidad que por propia voluntad. Y este Fulano, después-casi-enseguida, tuvo a bien o a mal recoger un martillo y emprenderla a golpes con el cristal hasta que lo hizo añicos. Los testigos le sujetaron como pudieron los brazos y, obviamente, preguntaron a este Fulano un porqué. Respondió que el que había al otro lado no podía ser él, no podía ser un simple reflejo, porque no por nada le llamaban a él el Triste, y lo que le devolvía el cristal sonreía ampliamente. El extraño, por decirlo suavemente, le irritó. Y del espejo quebrado surgió la sangre de algo que efectivamente pudo haber estado vivo.