lunes, 18 de mayo de 2015

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- ¡Háblame! ¡Háblame, amor mío! – sollozaba la inconsolable viuda, de rodillas frente a la tumba del amado finado - ¡Háblame, te lo ruego!
A no muchos nichos de distancia, en el mismo camposanto, dos ilustres señores la observaban sin poder disimular su atónito asombro, aunque manteniendo aún así una debida y respetuosa cautela.
- Desde luego, está completamente loca. ¿No le parece? – preguntó uno.
- Sin duda – respondió el otro -. ¿No se ha fijado? Si no aparta esa losa, dudo que él pueda escucharla.