lunes, 1 de abril de 2013

Pastel de carne


- Definitivamente – concluyó Víctor, con algo más que obvia satisfacción y carne aún mal masticada en la boca -, este pastel de carne está delicioso, Carina. Te lo deletreo: de-li-cio-so.
- Pero eso no es deletrear, Víctor – replicó ella, riendo.
Había empezado desde largo el juego de la seducción, y Carina parecía conocer todas las reglas, desde la garganta hasta el colon. Desde el principio había demostrado ser la perfecta maestra de ceremonias, conocer todos los entresijos del filtreo y del arte del amarre culinario. Víctor, por su parte, no tuvo ningún reparo en dejarse anudar por esas lisonjas comestibles. Si comenzar la conquista a un hombre por el estómago era un cliché, Carina lo cumplía a rajatabla con innegable efectividad, y Víctor se no tenía ningún problema en dejarse dominar por completo. El manjar era muy disfrutable, y de hecho disfrutado; no dejó de dar cuenta del pastel de carne aún bajo la atenta y nada incómoda mirada de la anfitriona, que a veces jugaba a atragantarle rozándole bajo la mesa una pierna con un pie descalzo. Acalorado por mucho más que la digestión, Víctor buscó una civilizada vía de escape. Tragó un último trozo y abundante agua antes de una curiosidad tan sincera como bien pensada.
- ¿Y… cuál es el secreto? ¿Qué lleva?
- Oh. Solo alguna especia bien medida, lo justo de sal… – respondió ella despreocupadamente, rizándose el pelo con los dedos -. Y a mi ex.