martes, 5 de marzo de 2013

La guerra del francés


¿Tú llegaste a conocerle? Era un tipo con fantasía, mi cuñado. Con imaginación, aunque otra forma de llamarlo es bobo, y yo pues prefiero llamarlo así. Porque hay que ser corto. Pues no dijeron que había dragones en Madrid y, con los ojos haciéndole chiribitas como si fuera un imberbe, un mozo bobalicón de los que piden collejas a gritos, cogió el caballo y se fue para la capital sin decirles nada a la mujer y a los críos. Así, claro, se libró de la puta colleja, de la mía. Se la habría dado con todo el alma.
Que qué pasó con él, claro, querrás saber. Pues tardamos, tardamos un poco en saberlo, y mi hermana estaba que no vivía, la pobre, con todo el asunto ese de los franceses tirando a la gente... Que por mucho que estuvieran casados yo no lo he entendido nunca, porque era tonto de los de verdad, pero a ella se le iba la vida por la boca, se le estaba yendo todo. Hasta que un día nos llegó por el del correo que, según decían, al poco de llegar la caballería francesa en alguna carga le aplastó la cabeza.
Un tipo con fantasía, oye. La derrochaba. Si te digo que al final vio dragones.