sábado, 9 de marzo de 2013

Axiomas


- ¡Inadmisible! ¡Inadmisible! – bramó la líder de la oposición, con la energía que le era característica y amenazando con desconchar la vieja pintura del techo - ¡Esto resulta sencillamente inadmisible! ¡El Presidente ha perdido toda su legitimidad!
Golpes y retumbos en las bancadas del ala opositora de la Cámara Alta de la Nación. La acusación era osada, incisiva, punzante, muy propia de la cabeza de la oposición, que arropada por el apoyo de los suyos dejó un gesto altanero para la televisión y los informativos. Dejó en el aire sus alegatos, con su tiempo perfectamente calculado hasta el momento de la última puntilla.
- Es axiomático – decenas de diputados de ambos bandos hicieron rápidamente y casi al unísono una búsqueda del desconcertante vocablo -. La Nación necesita ELECCIONES, y las necesita con urgencia. De lo contrario amenazamos al país con una situación de ingobernabilidad severa.
Nuevos aplausos desde la bancada opositora, que se veía ya dueña del debate. Era algo axiomático. Definitivamente, pensaron decenas de diputados, esa palabra haría furor en el informativo de la tarde. Axiomático. El Palacio Presidencial estaba muy cerca.
La sensación de júbilo general en el ala de la oposición no pareció hacer ninguna mella en el Vicepresidente, que al recibir su turno de palabra se levantó de su escaño y aguardó unos segundos de cortesía a que sus adversarios dejaran de comportarse como adolescentes que acaban de descubrir una revista pornográfica. Tomó su micrófono, carraspeó y trató de enderezar aquel revés. Sería duro y seguramente ingrato, no cabía duda. Pero para algo era quien era.
- Señores diputados, señorías; no esperen que por mi boca se les pueda llamar cuervos – risas cada vez a mayores en el ala del partido del Gobierno -. En lugar de eso, me limitaré a decir que mi Partido y mi Gobierno se encuentran en una muy sana posición para continuar con la gobernanza y las riendas de la Nación, y por delicado que pueda ser el estado del Presidente, de cuerpo aquí presente, puedo asegurarles que cuenta aún con más dotes de liderazgo y buen gobierno que toda su plantilla.
Los aplausos que abrumaron a la Cámara vinieron ahora del bando gubernamental, que encontró renovadas fuerzas en el discurso del Vicepresidente, no tan enérgico como el de su adversaria, pero suficientemente contundente como para poner los puntos sobre las íes en el imaginario colectivo y la opinión pública.
Tal vez algo aún pudiera salvarse.
La líder opositora, sin esperar con demasiado rigor la autorización de su turno, saltó del escaño y muy elocuentemente señaló con ambos brazos extendidos al Presidente de la Nación. De cuerpo allí presente, no cabía duda, pero tal vez solo eso, y era muy posible que el resto hubiera volado lejos, porque hacía días que, tras interminables jornadas de agonía política e indecisión médica, había fallecido, y nadie había tenido aún la iniciativa de retirarle de su escaño. Al parecer, faltaban órdenes. Sus órdenes.
- ¡Delicado, dice usted! – exclamó, como si todo el mundo hubiera tenido que atrapar un sarcasmo involuntario - ¡Delicado estado del Presidente! 
El Vicepresidente volvió a carraspear, pero se ahorró cualquier réplica. En el asiento anterior, la Ministra de Sanidad trató de aparentar vida artificial dando algunos empujoncitos muy disimulados a su fenecido Jefe de Gobierno. El torpe meneo del cuerpo del Presidente asustó a algunos parlamentarios, especialmente de la oposición, pero su líder se mantuvo firme y se preparó para el golpe final, el argumento más clarividente, la obviedad que todos parecían haber pasado por alto.
- ¡Está claro que el Presidente ya no puede firmar decretos!
Rumor de aprobación generalizada por toda la Cámara. Incluso por algunos miembros del partido gubernamental. El Gobierno en funciones tendría que declararse, de facto, acorralado.