jueves, 24 de enero de 2013

Reyes adorados


Según me ha venido diciendo mamá durante años, los Reyes Magos no existen. Pero pasa el tiempo y a mí siguen sin salirme las cuentas, algo me punza aún el espinazo, detalles que se me escapan, que no terminan de encajar. Porque yo recuerdo con mucho detalle aquella madrugada de enero en la que ellos se llevaron a mi padre. Hacía frío y  me cubría la boca para tapar mi respiración; estaba escondido debajo de la mesa y los veía pasar lentamente de un lado a otro, durante demasiado tiempo. Recuerdo perfectamente que entonces tuve miedo y disparé a alguien con la pistola de papá. Mamá lo niega, pero tras el fogonazo escuché un cuerpo desplomado.
De algún modo, en parte por culpa de que mamá me sacó rápidamente de allí, consiguieron escapar. No volví a ver a mi padre.