sábado, 23 de julio de 2016

Conversaciones de paz

Un antiquísimo Tratado que hoy nadie recuerda estableció hace eones lo siguiente entre dos bandos que aún hoy permanecen irreconciliables: que la armada de mosquitos aguardaría al verano y sólo al verano para alimentarse, manteniéndose en una piadosa sombra durante el resto del año; y que la incipiente especie humana, a cambio, toleraría el festín con pasividad y resignación en los meses de estío. Tal vez la torpeza de nuestros negociadores pueda parecernos hoy mayúscula, pero también hay que reconocer que en virtud de lo pactado no es menor precisamente nuestra falta de palabra, y nuestro amor al veneno de insectos, a las lámparas irresistibles, a las raquetas y a las palmas de nuestras propias manos. Nos contemplan la Historia y una miríada de pequeños puntos negros zumbadores, hambrientos y con más memoria que esperanza de vida.