Lo pone en el folleto: rompedor. Y es verdad. Se lo
aseguro. Mi versión promete martillos y testículos.
martes, 18 de junio de 2013
lunes, 10 de junio de 2013
Bagatelas
El señor Romero,
al llegar una mañana a las oficinas en las que trabajaba, encontró a una de las
mujeres de la limpieza, Encarnita, llorando a lágrima viva en las escaleras,
totalmente de los nervios y al borde de la histeria. Ante esta estampa, el
señor Romero le preguntó qué ocurría. A Encarnita solo le faltó arrancarse el
pelo de tanto tirar de él, pero el señor Romero, lejos de intentar disuadirla
de cometer una locura – con lo poco que le quedaba para jubilarse -, la dejo
hacer, porque entendió que los nuevos tiempos implican nuevas modas en el mundo
del estilismo, del que se confesaba sin pudor totalmente profano. A su edad.
- ¡¡Hay un
hombre decapitado ahí arriba!!
El chillido
seguramente llegó a los empleados castigados encerrados en el sótano. Pero el
señor Romero, todo un administrativo de primer nivel, lo tomó con bastante
estoicismo, y reflexionó en voz alta las conclusiones. El camino que hemos
andado. Los pasos que hemos seguido. Lo que hemos visto por el camino. Etc.
- Vaya. Entonces
supongo que la cabeza de la puerta no es decorativa.
martes, 4 de junio de 2013
Mal paso de un buen letrado
Mientras Don Joe Capralli me ofrecía un habano, un
whiskey con hielo y un aviso, comprendí a la perfección una explicación bastante
aproximada para llamar a aquella
ancha calle el “Barranco del abogado”
cuando sus robustos muchachos trajeron en agónicas y rudas volandas al bueno de
Michael Santana. Bueno hasta hacía poco, al menos. Me resultaba difícil volver
a imaginarle como el eficiente letrado que, en teoría, había sido mientras
pataleaba y gimoteaba con aquella bolsa oscura en la cabeza. Era más sencillo,
en realidad, tantear el por qué sin preguntarlo: un mal negocio en los
caballos, alguna indiscreción fiscal, una relación estrecha de más con la
Policía o una lengua inquieta y traicionera. Y aunque, en principio, esa lujosa
y amplia avenida ya guardaba muy poco de un despeñadero, los chicos gorila de
Capralli la devolvieron gentilmente a sus orígenes nominales gracias a un decimoquinto
piso y a una generosa caída libre. Toda de cabeza, y toda hacia abajo.
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